Una oblea de silicio es como la masa para galletas. La calientas en el horno y en su interior aparecen pequeñas pasas: defectos en la red cristalina que pueden emitir fotones individuales. Estas "pasas" se llaman centros de color y son necesarias para los ordenadores cuánticos y las comunicaciones seguras.
Los autores del estudio investigaron cómo nacen exactamente estos defectos durante el recocido del silicio. Calentaron muestras a diferentes temperaturas y durante distintos tiempos, y luego observaron cuántos y qué tipos de centros de color aparecían. Descubrieron que un tipo de defecto, el centro T, es especialmente sensible a la duración del calentamiento. Además, los distintos centros de color compiten entre sí: si se forma uno, a otro puede faltarle "material de construcción".
Un hallazgo aparte son los nuevos centros luminosos que no se habían visto antes. Sus señales son estables, lo que significa que podrían ser útiles en dispositivos cuánticos. Lo más valioso es que todo esto se puede hacer en fábricas de silicio estándar, donde ya se producen microchips convencionales. Las tecnologías cuánticas dejan de ser un trabajo artesanal y se convierten en producción en masa.
Para terminar, otra vez lo de las galletas. Si se aprende a controlar con precisión el tiempo y la temperatura del "horneado", se pueden obtener millones de fuentes cuánticas idénticas en una sola oblea. Y entonces el internet cuántico será tan habitual como el actual.
Los centros de color en el diamante ya se usaban en la antigüedad: las impurezas daban a las piedras colores raros, y hoy esos defectos sirven como sensores de campos magnéticos.
En la serie "Orphan Black", los ordenadores cuánticos de silicio ayudan a descifrar el genoma humano, aunque allí no hay centros de color.