En una sala subterránea de Fermilab se encuentra un enorme tanque de argón líquido, un líquido transparente a una temperatura de menos 186 grados. Cuando una partícula invisible, el neutrino, entra en el tanque, a veces choca con un núcleo de argón y se produce un breve rastro de partículas cargadas. El detector MicroBooNE ha estado capturando esos destellos durante varios años y ha acumulado cientos de miles de registros.
Los neutrinos son las partículas más escurridizas que se conocen: atraviesan la Tierra casi sin interactuar con nada. Pero en el argón líquido sus huellas se vuelven visibles, como las burbujas de un refresco al abrir la botella. Los científicos analizan cada rastro y cuentan con qué frecuencia se crean distintas partículas: las comunes, sin nada nuevo, o las raras, como los kaones o los hiperones lambda.
Estas mediciones no se hacen solo por curiosidad. Los neutrinos pueden cambiar de tipo sobre la marcha, lo que se conoce como oscilaciones. Para medir con precisión esas transformaciones en el futuro experimento DUNE, es necesario conocer al detalle cómo interactúan los neutrinos con el argón. Los datos de MicroBooNE son como un ensayo general antes de la gran función.
El argón líquido del detector MicroBooNE es tan puro que los electrones de ionización pueden recorrer varios metros sin quedarse atascados en el camino.
En la serie 'The Expanse', los detectores de neutrinos se utilizan para comunicarse a través de los asteroides, casi como MicroBooNE capta señales del haz.