La luz de una bombilla ordinaria es un flujo de fotones individuales, como gotas de un grifo. Pero existe luz donde los fotones viajan en parejas, como gemelos que caminan juntos. Esta luz agrupada se ha querido usar durante mucho tiempo para medir distancias y fotografiar objetos ocultos tras una esquina. Pero las fuentes de esta luz eran o demasiado tenues, o sus destellos demasiado cortos para que los detectores comunes pudieran captarlos.
Los investigadores han encontrado una manera de convertir la luz ordinaria en luz agrupada con una eficiencia mil millones de veces mayor que la de los métodos anteriores. Hacen pasar la luz a través de un medio especial que obliga a los fotones a unirse en parejas, casi sin perder brillo. Antes, en esa conversión se perdía casi toda la energía; ahora las pérdidas son mínimas.
Esta luz agrupada y brillante puede usarse en telémetros, para sincronizar relojes y para fotografiar objetos ocultos. La tecnología se vuelve práctica: ahora hay suficiente brillo y duración de señal para que los detectores comunes puedan registrarla.
Los fotones en la luz agrupada viajan en parejas, como si se tomaran de la mano: es un efecto cuántico que no existe en el mundo clásico.