Un cúmulo de galaxias se parece a una intersección concurrida donde las galaxias, como autos, se precipitan contra un viento de gas caliente. Este viento, llamado presión de ariete, arranca de las galaxias sus reservas de gas frío, el combustible para formar estrellas. Los astrónomos del estudio SAMI siguieron este proceso en cientos de galaxias de ocho cúmulos cercanos.
Dividieron las galaxias en tres grupos según la apariencia del hidrógeno brillante: tranquilas, deformadas y recortadas. Las deformadas son las que están experimentando presión: su gas se desvanece en una cola, como el humo de una fogata en el viento. Las recortadas ya han perdido el gas exterior y su región brillante se ha vuelto más corta. Las tranquilas aún no han entrado en una corriente fuerte.
La comparación de la tasa de formación estelar mostró que, en las galaxias afectadas, los bordes se apagan primero. En el centro, la formación de estrellas continúa como siempre, pero las regiones externas pierden gas y dejan de crear estrellas. Esto es más pronunciado en las 'recortadas', aquellas que ya han pasado por el pico de presión.
Así se perfila una evolución: una galaxia tranquila entra en el cúmulo, se deforma y luego se recorta. La formación estelar se apaga de afuera hacia adentro, como se seca un charco de los bordes hacia el centro. Por eso en los cúmulos hay tantas galaxias rojas y viejas que hace tiempo dejaron de formar estrellas.
En un cúmulo de galaxias hay tanto gas que brilla en rayos X y su temperatura alcanza decenas de millones de grados.
En la serie 'Star Trek', las galaxias suelen representarse como islas aisladas, pero en realidad su vida depende en gran medida del entorno, como muestra esta investigación.