Una olla en la cocina recibe calor, pero no trabajo: el gas bajo la tapa simplemente se calienta. ¿Y si la cocina no fuera normal, sino cuántica? Entonces el calor y el trabajo pueden llegar a la vez, como de un motor que además calienta.
En el nuevo trabajo se describe precisamente ese caso: un sistema clásico —por ejemplo, un péndulo o un espejito— se baña en un medio cuántico. Ese medio no es solo "agua caliente", sino un intermediario activo: transfiere energía y puede volver a tomarla, realizando trabajo mecánico. Los científicos han deducido las reglas para calcular el calor, el trabajo y el aumento del desorden (entropía) en esa imagen semiclásica.
Un ejemplo del artículo es la optomecánica: la luz en un resonador presiona un espejo, haciéndolo vibrar. Esa luz vibrante no es simplemente ruido aleatorio, sino un reservorio cuántico que a la vez calienta el espejo y lo empuja. Este esquema ya se usa en detectores ultraprecisos.
La conclusión es simple: incluso el caos cuántico obedece reglas si se calcula correctamente dónde está el calor y dónde el trabajo. Y entonces "solo ruido" resulta ser un recurso útil.
En optomecánica, la luz puede enfriar un espejo hasta milésimas de grado por encima del cero absoluto, simplemente "extrayendo" su vibración.
En la novela de Arthur C. Clarke "Luz de otros días", las fluctuaciones cuánticas del vacío se usan como fuente de energía para la comunicación instantánea.