Física que no requiere mecánica cuántica, que describe el colapso y la expansión de burbujas.La física clásica es el marco que describe el mundo a escalas cotidianas, donde los efectos cuánticos son despreciables. Abarca la mecánica newtoniana, el electromagnetismo y la termodinámica, y explica fenómenos que van desde el movimiento de los planetas hasta el flujo de fluidos. En el contexto de los títulos proporcionados, la física clásica sirve como base contra la cual se contrastan los fenómenos cuánticos, como en el estudio de sistemas de onda piloto o la emergencia del entrelazamiento cuántico a partir de osciladores clásicos.
Los cimientos fueron establecidos por Isaac Newton en el siglo XVII con sus leyes del movimiento y la gravitación universal, y más tarde ampliados por el electromagnetismo de James Clerk Maxwell en el siglo XIX. Estos fueron formalizados en un marco coherente a principios del siglo XX, antes de que surgiera la mecánica cuántica.
La física clásica opera con leyes deterministas, donde el estado de un sistema queda completamente especificado por propiedades como la posición y el momento. Se basa en variables continuas e interacciones locales, sin los resultados probabilísticos ni la no localidad de la mecánica cuántica. Este marco es efectivo cuando las escalas de acción son grandes comparadas con la constante de Planck, haciendo imperceptibles los efectos cuánticos.
La física clásica sustenta la mayor parte de la ingeniería, desde la construcción de puentes hasta la navegación por satélite, y sigue siendo esencial en campos como la dinámica de fluidos y la acústica.
La frontera entre lo clásico y lo cuántico no es nítida; los objetos macroscópicos pueden exhibir efectos cuánticos bajo aislamiento extremo, como se explora en los experimentos del 'grano de polvo danzante'.














