En la oscuridad se enciende una chispa diminuta. Un rayo gamma nacido dentro del cuerpo del paciente incide en un cristal y arranca de él un haz de luz. La tarea del detector es saber exactamente dónde ha ocurrido. Cuanto más precisa sea la respuesta, más nítida será la imagen en la pantalla del tomógrafo.
El nuevo detector recuerda a un panal de abejas, pero no plano, sino que se estrecha hacia abajo. Cada celda es un embudo: arriba tiene una entrada de 1,6 por 1,6 milímetros y abajo una salida de 2 por 2 milímetros. La luz que nace en el embudo se concentra en el cuello estrecho y cae sobre un sensor sensible a la luz. Esta geometría ayuda a distinguir mejor los destellos vecinos.
Para probar el detector, se montó un dispositivo con un haz fino de rayos gamma. El haz se movía sobre el cristal con una precisión de fracciones de milímetro y bajo distintos ángulos, como si se cosiera el panal con una aguja. Con los datos recogidos se enseñó a un ordenador a descifrar las señales. La precisión para determinar el lugar del destello es de 1 milímetro, y la energía del rayo se mide con una precisión del 11,8%.
Por ahora es una muestra de laboratorio, pero muestra el camino hacia imágenes médicas más nítidas. La tomografía monofotónica — así se llama el método — podrá ver tumores y otros focos de enfermedad antes y con más precisión.
Los rayos gamma que capta el detector son los mismos fotones que la luz visible, pero con una energía miles de veces mayor. Un solo fotón de este tipo puede arrancar del cristal toda una cascada de cientos de partículas de luz.
En la serie «Star Trek», el tricorder médico determina al instante qué le duele al paciente. Los detectores basados en cristales en forma de embudo son un pequeño paso hacia ese tipo de diagnóstico.