El tejido de nuestro cuerpo se parece a una ciudad: en distintos barrios viven diferentes células, y cada una tiene su propio trabajo. Para entender cómo está organizada esta ciudad, los biólogos toman imágenes en las que se ve qué genes están activos en cada punto. Pero las imágenes nítidas son caras, y las baratas salen borrosas, como una foto de la ciudad desde gran altura, donde no se distinguen las casas individuales.
El nuevo método SRast aprende a convertir esas imágenes borrosas en detalladas. Funciona como un traductor que conoce muchos idiomas: primero estudia diferentes tejidos, desde el cerebro hasta el corazón, y memoriza cómo suelen ser sus estructuras. Luego, al ver una nueva imagen borrosa, completa los detalles sin confundir unos con otros. Lo clave es que el método vigila que la cantidad de "sustancia" en cada punto no cambie: si en la imagen borrosa había poca señal en algún lugar, en la detallada no debe aparecer de más. Es como si al ampliar una foto no se pudieran añadir casas que no estaban en el original.
Las pruebas en diferentes especies animales y con distintos instrumentos mostraron que el método reconstruye estructuras finas mejor que los enfoques anteriores. Esto abre el camino hacia un análisis de tejidos barato y preciso en hospitales y laboratorios, donde antes había que elegir entre precio y calidad.
La transcriptómica espacial es una forma de ver qué genes funcionan en cada punto del tejido sin destruirlo. Antes, para ello se cortaba el tejido en pedazos, pero ahora se puede obtener el mapa completo.