Centauro A y M83, las dos galaxias más grandes de nuestro vecindario, giran en un vals lento. Alguna vez se pensaron que eran independientes, pero ahora está claro: están unidas por la gravedad y se mueven una hacia la otra para fusionarse en una sola dentro de miles de millones de años. Es el mismo escenario que les espera a la Vía Láctea y Andrómeda.
Con la ayuda del análisis de la luz, los astrónomos midieron qué tan rápido se mueven las galaxias. Luego, representándolas como dos bolitas en un resorte, estimaron una masa total de 6.4 billones de masas solares. La mayor parte es materia invisible, sin la cual la gravedad no sería suficiente para mantener unida a la pareja.
En este baile participa también un tercer acompañante: la galaxia NGC 4945, que tira ligeramente de Centauro A. Pero lo más sorprendente: cuando las galaxias finalmente se fusionen, las propias estrellas apenas chocarán, pues las distancias entre ellas son enormes. En cambio, las nubes de gas se comprimirán, provocando el nacimiento de millones de nuevas estrellas. Este vals celestial terminará no en una catástrofe, sino en un grandioso espectáculo de fuegos artificiales estelares.
Vera Rubin demostró que las galaxias giran tan rápido que se desgarrarían sin la materia oscura invisible que las mantiene unidas.
La lenta colisión de galaxias es un tema popular en la ciencia ficción, por ejemplo, en la novela 'Contacto' de Carl Sagan.