En una nube oscura y fría entre las estrellas, una mota de polvo de una milésima de milímetro atrapa moléculas ligeras. El monóxido de carbono y el hidrógeno se adhieren a su superficie como gotas de lluvia a un cristal y reaccionan. Tras varios pasos se obtiene metanol, el mismo alcohol que forma parte del limpiaparabrisas. Así surgen en el espacio moléculas complejas de las que luego pueden formarse planetas e incluso vida.
La química sobre las motas de polvo se describe con modelos computacionales. Se crearon para nubes interestelares, donde las condiciones no son en absoluto como las de un laboratorio. Por eso, los científicos decidieron comprobar si estos modelos podían aplicarse a experimentos en la Tierra. Tomaron tres programas —NAUTILUS, pyRate y MONACO— y nueve experimentos. En cada uno variaban la temperatura y la cantidad de gas suministrado. Resultó que los modelos reproducen bastante bien los resultados de los experimentos, aunque a veces fallan en los detalles.
Las diferencias entre modelos y experimentos pueden deberse a una lista incompleta de reacciones o a cómo los modelos describen el movimiento de las moléculas sobre la superficie. Pero lo importante es que ahora está claro que los modelos pueden "entrenarse" con datos de laboratorio. Y, por tanto, las predicciones sobre qué moléculas nacen en el espacio serán más fiables.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2602.11347
The development of molecular complexity during stellar and planetary formation owes much to the interaction of gas and dust. When the first astrochemical models including solid-state chemistry were developed more than forty years ago, data from dedicated laboratory experiments were limited. Since then, many groups have developed specific experimental setups to address this issue, but astrochemical models have rarely been directly confronted with these new results. We want to demonstrate whether it is possible to use rate-equation-type astrochemical models developed in the context of the Interstellar Medium to compare them with laboratory astrophysics experiments. In this work, we use the case of low-temperature hydrogenation of CO, which is known to lead to methanol, among other molecules. We carried out 9 experiments, varying the experimental parameters such as temperature and dose. We give quantitative results and take care of detailing the vocabulary used in the experiments. We use astrochemical codes, NAUTILUS, pyRate and MONACO, to reproduce our experimental conditions, which requires good control of the change of vocabulary and scales, especially for fluxes and time scales. This work demonstrates that it is possible to use different astrochemical codes to compare modelling results directly with the output of experiments. There are discrepancies between models and experiments, as well as between models, but a fair agreement is achieved. We discuss the possible origin of the differences, which could originate from the chemical network or the difference in the description of physical processes.
El metanol es una de las moléculas orgánicas más abundantes en las nubes interestelares. Se encuentra incluso en cometas, y pudo haber llegado a la Tierra joven junto con planetesimales helados.