Un láser de electrones libres convencional se parece a un instrumento musical con una sola cuerda: solo puede tocar una nota hasta que se modifica su construcción. Para obtener otra longitud de onda, hay que reajustar los imanes o acelerar los electrones con más fuerza. Eso es caro y voluminoso.
Los físicos del equipo que publicó el trabajo encontraron la manera de hacer que el instrumento toque armónicos, esos sobretonos que enriquecen el sonido de un violín. Modularon la densidad del haz de electrones para suprimir la frecuencia fundamental y permitir que se amplificaran el tercer y el quinto armónico. El resultado fue un pulso láser estable con una energía de hasta 540 microjulios, con el doble de ancho de banda que antes, sin cambiar la instalación.
Este enfoque promete fuentes compactas de rayos X para laboratorios donde no hay espacio para aceleradores gigantes. En lugar de una instalación nueva para cada tarea, una sola, pero con sobretonos ajustables.
La energía del pulso de 540 microjulios es comparable a la energía cinética de un mosquito en vuelo, pero comprimida en milmillonésimas de segundo y enfocada en un punto de tamaño micrométrico, es capaz de vaporizar materia.