El agua de un río fluye uniforme hasta que encuentra un estrechamiento. Allí la corriente se acelera y, tras el recodo, puede arremolinarse en un remolino. Unos remolinos similares, pero del tamaño de una molécula, son capaces de reunir partículas en un mismo lugar por sí solos, sin bomba ni motorcito.
En la nueva simulación, una cascada de diez nanocámaras mostró algo sorprendente: el lado estrecho acumuló cinco veces más partículas que el ancho. La causa es la asimetría del embudo: su forma actúa como una puerta de una sola dirección. Las partículas entran con facilidad por el extremo ancho, pero el paso estrecho les impide volver.
A este efecto lo llamaron «rectificación inversa», porque normalmente se esperaría una acumulación en el lado ancho. El experimento de control con cámaras simétricas no produjo gradiente, lo que confirma que todo se debe a la forma del embudo y no a la reflexión de las partículas contra las paredes.
El resultado cambia las reglas de diseño de sistemas pasivos: ahora es posible crear nubes densas de moléculas simplemente eligiendo la geometría adecuada de los canales. Sin bombas, sin electricidad ni calentamiento: solo forma.
El argón en el modelo se comportaba como una multitud en un pasillo estrecho: aglomeración en la entrada y espacio libre dentro, si la puerta solo se abre hacia adentro.