Un rayo láser incide sobre la piel y los tejidos responden con un eco ultrasónico apenas audible. Gracias a ese eco, los médicos pueden ver vasos sanguíneos y tumores sin hacer incisiones. Pero antes de que la imagen aparezca en la pantalla, hay que limpiar la señal del ruido, como un cocinero que retira la espuma del caldo para que quede transparente.
Durante mucho tiempo, la única herramienta para esa limpieza fue un truco matemático que descompone la señal en ondas de distintas longitudes, igual que un prisma descompone la luz blanca en un arcoíris. Ese truco se llama transformada de Fourier y funciona en casi todas partes: desde la compresión de música hasta el análisis de vibraciones en puentes. Pero tiene un precio: es lenta y puede distorsionar señales débiles, sobre todo cuando se necesita una imagen nítida con urgencia.
Los científicos propusieron un nuevo método de limpieza que no intenta ajustar la señal al "arcoíris" de Fourier, sino que sabe de antemano cómo nace el sonido en los tejidos. Es como si el cocinero no quitara la espuma con una cuchara genérica, sino con una espumadera diseñada específicamente para ese caldo. El nuevo método requiere menos pasos de cálculo y reproduce los detalles con mayor fidelidad: en simulaciones y en registros reales de instrumentos, supera a Fourier y a otros enfoques clásicos.
Ahora los escáneres optoacústicos podrán trabajar más rápido y ofrecer imágenes más nítidas. Esto significa que los dispositivos serán más accesibles para los hospitales e incluso para uso doméstico, como un termómetro que no solo muestra la temperatura, sino también el estado de los vasos bajo la piel.
La transformada de Fourier lleva el nombre de Joseph Fourier, quien en 1807 propuso descomponer las ondas de calor en componentes simples. Su método fue rechazado al principio, y ahora ningún teléfono inteligente funciona sin él.
En la novela 'Solaris', el océano del planeta responde a las señales de los humanos creando imágenes de sus recuerdos. La optoacústica también 'escucha' la respuesta de los tejidos a la luz, solo que en lugar de recuerdos, el océano devuelve un mapa de los vasos sanguíneos.