Una partícula cargada que gira en un campo magnético no se queda callada: emite luz. Esa luz se llama radiación de sincrotrón y aparece en todas partes, desde galaxias lejanas hasta aceleradores de laboratorio. Para saber cuánta luz se emite en cada longitud de onda, los físicos usan una función especial que se calcula numéricamente o mediante fórmulas aproximadas.
Los autores del trabajo encontraron un atajo elegante. Aplicaron un método matemático de corchetes que convierte la integral compleja en una serie de términos simples. El resultado es una fórmula compacta que funciona tanto para valores pequeños como grandes del argumento. Las pruebas muestran que la fórmula coincide casi perfectamente con los cálculos numéricos exactos.
Esto no es solo un ejercicio matemático. Los astrofísicos que estudian la emisión de restos de supernovas o de chorros de agujeros negros podrán procesar los datos más rápido. Los ingenieros de aceleradores podrán diseñar mejor las fuentes de luz de sincrotrón. Y la fórmula misma aclara la estructura interna de la radiación, mostrando cómo cambia de las frecuencias bajas a las altas.
La radiación de sincrotrón se puede ver a simple vista: el resplandor azul en algunos aceleradores es precisamente eso.
En la novela «2001: Una odisea del espacio» de Arthur C. Clarke, la radiación de sincrotrón ayuda a los astronautas a detectar el monolito; ahora esos cálculos serán más rápidos.