Un censo de población, pero en lugar de casas hay galaxias y en lugar de habitantes, estrellas. Los astrónomos decidieron contar los 'caseríos' más pequeños y tenues de nuestra vecindad cósmica: las galaxias enanas. Son miles de veces más débiles que la Vía Láctea, y encontrarlas en las imágenes es tan difícil como distinguir una luciérnaga frente a un reflector.
Para la búsqueda se utilizó un algoritmo especial que detecta en las imágenes cúmulos de luz apenas perceptibles. Para comprobar su eficacia, se añadieron artificialmente galaxias falsas a las imágenes y se observó cuántas de ellas detectaba el algoritmo. Resultó que encuentra con seguridad la mitad de las enanas con una masa de alrededor de un millón de soles, algo así como encontrar en una multitud a una persona de estatura inferior a la media si está en un rincón oscuro.
Pero no basta con ver una mancha tenue: hay que asegurarse de que realmente sea una galaxia enana cercana y no un objeto brillante lejano que solo parece tenue. Para ello, se midieron las distancias de tres maneras: por el corrimiento al rojo (qué tan rápido se aleja la galaxia), por el brillo de las estrellas más viejas y por las fluctuaciones características del brillo superficial. Al final, se confirmaron 95 enanas reales en un radio de 30 millones de años luz de nosotros.
La conclusión más interesante se refiere a las solitarias. De las 95 galaxias, 44 resultaron estar completamente aisladas: a su alrededor, durante millones de años luz, no hay ningún vecino grande. Es una suerte poco común: antes estos objetos aparecían de uno en uno, y ahora tenemos una colección completa. Al comparar sus masas, los astrónomos construyeron un 'censo de población' de las enanas y descubrieron que, en el rango de masas grandes, coincide perfectamente con las predicciones del modelo computacional del universo IllustrisTNG. Esto significa que nuestra comprensión de cómo nacen y viven las galaxias pequeñas es, en general, correcta.
Ahora, estas enanas solitarias se convertirán en un campo de pruebas para verificar teorías: cómo la ausencia de vecinos influye en la formación estelar, en la forma y en el destino de una galaxia. Porque incluso en el cosmos, la soledad cambia muchas cosas.
La galaxia más tenue encontrada brilla menos que una sola estrella gigante de la Vía Láctea, pero contiene millones de estrellas.
En la novela de Isaac Asimov 'Los propios dioses', los mundos aislados se convierten en la clave para la comunicación interestelar, algo parecido a cómo las enanas solitarias nos ayudan a entender la estructura del universo.