En el centro de nuestra galaxia se esconde un agujero negro supermasivo, Sagitario A*, un peso pesado que mantiene a las estrellas a su alrededor. Los astrónomos sueñan con encontrar púlsares cerca de él: estos faros cósmicos emiten pulsos de radio con la precisión de los relojes atómicos. Si se captura un púlsar en órbita alrededor del agujero negro, se puede medir cómo se curva el espacio y el tiempo en sus inmediaciones.
El nuevo trabajo propone un modelo realista para tales observaciones. Los científicos no solo tuvieron en cuenta el movimiento ordinario del púlsar, sino también los sutiles retardos que se producen cuando un rayo de luz rodea al agujero negro. Por primera vez, en los cálculos se incluyó el movimiento propio de Sagitario A*: el agujero negro no está quieto, se desplaza ligeramente, y esto afecta a las mediciones.
El modelo se probó teniendo en cuenta posibles interferencias, por ejemplo, si el púlsar resulta ser ordinario y no de milisegundos, su señal puede estar contaminada por ruido. Es como escuchar el tictac de un reloj en un taller ruidoso: hay que saber extraer la señal útil. Los autores mostraron qué parámetros del agujero negro se podrán medir con mayor precisión y propusieron un procedimiento de análisis de datos. Este modelo se convertirá en una herramienta de trabajo para los futuros sondeos del cielo que llevarán a cabo los radiotelescopios de nueva generación.
Los púlsares son tan estables que con ellos se ajustan los relojes atómicos terrestres: compiten en precisión con los mejores estándares de laboratorio.
En la novela «Esfera» de Michael Crichton, los protagonistas utilizan señales provenientes de las profundidades del cosmos para comprender lo desconocido: los púlsares alrededor de un agujero negro podrían ser tales señales.