De noche, en una carretera desierta, un faro parpadea rara vez, pero de inmediato a plena potencia. Así se comportan las estrellas tipo WZ Sge: durante años brillan apenas perceptiblemente, y luego estallan de golpe, volviéndose cientos de veces más brillantes. Los astrónomos decidieron comprobar qué ocurre en sus discos de gas durante el período de calma, y encontraron allí casi un vacío.
El disco alrededor de una de estas estrellas se asemeja a una nube muy tenue: es transparente a la luz, como un vidrio de ventana. La materia cae en él en porciones diminutas: en un año se acumula una masa comparable a la de un pequeño asteroide. Según los cálculos anteriores, antes de la erupción el disco debería ir acumulando gas y densificándose gradualmente. Pero las observaciones mostraron que el brillo del disco no aumenta; permanece enrarecido hasta el mismo momento de la explosión.
Este hallazgo rompe el esquema habitual. Si el disco no acumula materia antes de la erupción, entonces algo distinto la desencadena. Quizás el propio disco cambia bruscamente sus propiedades debido a procesos internos, y no por la entrada de gas desde el exterior. El mecanismo exacto aún se desconoce, pero está claro que las viejas explicaciones ya no funcionan.
Ahora los astrónomos tendrán que buscar un nuevo detonante para estas raras erupciones. Los discos invisibles y silenciosos guardan su secreto.
La estrella WZ Sge estalla tan raramente que entre sus dos supererupciones transcurren unos treinta años: toda una generación de astrónomos llega a cambiar.