El núcleo atómico normalmente sigue sus propias leyes: su desintegración no depende de la temperatura, la presión ni los vecinos en la molécula. Pero el isótopo uranio-235m tiene una excepción sorprendente. Este núcleo se encuentra en un estado excitado, como un muelle muy tenso, y tarde o temprano libera el exceso de energía. Normalmente, estos procesos ocurren a una velocidad constante, pero aquí el entorno químico interfiere en el reloj nuclear.
En el nuevo experimento se compararon cuatro compuestos de uranilo: con flúor, cloro, bromo y yodo. El período de semidesintegración del uranio-235m resultó ser diferente: 25,32 minutos con flúor, 26,05 con cloro, 25,84 con bromo y 25,44 con yodo. Cuanto más fuerte atrae electrones el halógeno (es decir, cuanto mayor es su electronegatividad), más tiempo vive el núcleo excitado. El flúor se sale de la serie: su período es el más corto porque en los orbitales de enlace hay menos electrones 6p, que participan en el proceso de conversión interna.
Esta es la primera observación directa de cómo la formación de orbitales moleculares cambia la desintegración nuclear. Antes se pensaba que la influencia se limitaba a la simple densidad de electrones cerca del núcleo, pero ahora se ve que lo importante es la estructura del enlace químico. Este resultado abre el camino para ajustar finamente los materiales radiactivos mediante su entorno químico, por ejemplo, para la medicina o el tratamiento de residuos.
El período de semidesintegración del uranio-235m en diferentes compuestos difiere solo en 44 segundos, pero esta diferencia está medida de forma fiable y demuestra la influencia real del enlace químico sobre el núcleo.