En 2026, en el sistema binario GS 1354-64, un agujero negro despertó: comenzó a atraer materia de su estrella compañera y a su alrededor se formó un disco incandescente. El telescopio de rayos X XRISM observó ese disco con el microcalorímetro Resolve, un instrumento que detecta fotones individuales y mide su energía con una precisión que antes era impensable. Durante las observaciones se acumularon 3,5 millones de fotones, y en sus energías se dibujó un panorama nítido.
En el espectro se encontró una amplia línea de hierro. El hierro en el disco emite rayos X a una energía estrictamente definida, pero debido a la rápida rotación del disco y a la fuerte gravedad del agujero negro, la línea se ensancha en una banda ancha. Por la forma de esa banda se puede calcular la velocidad de rotación del propio agujero. Resultó que la velocidad supera el 98% de la máxima posible: como una peonza girada casi hasta el límite.
El ángulo de inclinación del disco respecto a la línea de visión, según los datos de reflexión, resultó diferente en distintos modelos, lo que significa que el método aún debe refinarse. Pero el logro principal es otro: el microcalorímetro demostró que puede distinguir detalles finos en la luz de rayos X que antes se perdían en el ruido. Estos instrumentos abrirán el camino a mediciones precisas de agujeros negros en todo el cielo.
El microcalorímetro Resolve a bordo del XRISM está enfriado a 0,05 grados por encima del cero absoluto, más frío que el espacio exterior, para que el ruido térmico no interfiera en la detección de fotones individuales.
En la película ‘Interstellar’, el agujero negro Gargantúa gira casi a la velocidad máxima, por eso el tiempo en el planeta Miller transcurre tan lentamente.