Una gota de agua con partículas diminutas se seca sobre la mesa. El agua se evapora, las partículas quedan y se organizan en un patrón, como la arena después de la marea baja. Pero si las partículas son blandas, el patrón resulta completamente diferente. Los investigadores estudiaron este proceso bajo el microscopio, variando solo una propiedad de las partículas: su elasticidad.
Las partículas rígidas, como bolas de billar, se repelen entre sí y se acomodan en una red regular: un cristal. Las partículas blandas, como almohadas, se aplastan al contacto y empiezan a pegarse unas a otras. Entonces, en lugar de un cristal, crece un gel: una red suelta de grumos pegados, con huecos y agregados irregulares. Entre estos extremos hay estados intermedios: islas aisladas, agujeros, cadenas alargadas.
Para verificar las observaciones, los autores construyeron un modelo computacional que incluía cuatro fuerzas: repelencia al agua, atracción capilar, repulsión por compresión e interacción de tipo magnético. El modelo reprodujo todos los patrones observados. La conclusión es simple: la elasticidad de las partículas es la palanca principal para controlar el ensamblaje de coloides en la superficie de un líquido.
Si secas una gota de café en un platillo, quedará un anillo oscuro en el borde: también es autoensamblaje coloidal, solo que allí las partículas son rígidas y se acumulan en el borde.