Una estrella caliente en sus últimos estertores tiembla como una cuerda después de ser pulsada. Su superficie oscila con amplitudes de milésimas de magnitud estelar, algo así como notar que una bombilla en una habitación parpadea un 0,3% más brillante. Para un telescopio espacial, esa precisión es habitual, pero desde la Tierra la atmósfera estorba. Los astrónomos decidieron comprobar si el conjunto terrestre BlackGEM — seis telescopios en Chile que normalmente buscan destellos y ondas gravitacionales— podría lograrlo.
El objeto elegido fue PG 1159-035, una caliente estrella pre-enana blanca cuyos tipos de pulsación ya se conocen. Los telescopios la observaron en tres colores: q (ultravioleta), u (azul) e i (infrarrojo). Luego, de las curvas de luz se restaron las frecuencias principales, como quien retira capas de pintura, y aparecieron débiles oscilaciones secundarias. Sus amplitudes resultaron ser de solo unos pocos milimagnitudes, cien veces más débiles que las de las estrellas gigantes pulsantes habituales.
La comparación de amplitudes en los filtros q, u e i dio una separación clara: los modos l=1 y l=2 cayeron en regiones distintas del diagrama. Es como distinguir la voz de un violín de la de una viola, aunque ambos toquen en voz baja. Esto significa que, solo con observaciones terrestres, se puede determinar el tipo de pulsación de cualquier estrella compacta, incluso de una que nadie haya estudiado antes.
Ahora los astrónomos tienen una herramienta práctica: acumular estadísticas sobre enanas blancas conocidas y luego aplicarlas a objetos nuevos y débiles. Así, una cuerda vibrante se convierte en un diapasón para toda la Galaxia.
La amplitud de las pulsaciones de PG 1159-035 es de solo unos pocos milimagnitudes. Eso es un cambio de brillo del 0,3%, como si una bombilla de 100 vatios brillara 0,3 vatios más, y se notara desde una distancia de cientos de años luz.