Una computadora común aprende a jugar al ping-pong, pero su 'cerebro' está potenciado por un diminuto circuito cuántico. Cuando las partículas dentro del circuito están entrelazadas, se sienten entre sí, lo que da una ventaja: el programa comprende más rápido las maniobras del oponente. Este jugador híbrido gana incluso con menos parámetros. La conexión cuántica podría acelerar el aprendizaje de futuros dispositivos.
🎯 Para entrelazar cúbits en el laboratorio, a menudo se enfrían los chips casi al cero absoluto, más frío que el espacio exterior.
🎬 Este trabajo recuerda a la idea de la novela 'El juego de Ender', donde la inteligencia artificial aprende analizando el comportamiento humano en juegos estratégicos.