La superficie del cristal del compuesto de uranio UTe2 se asemeja a un mar congelado: en algunos lugares los electrones se mueven libremente, en otros quedan atrapados cerca de los átomos. El microscopio de efecto túnel (un instrumento que sondea la superficie con una aguja afiladísima y detecta electrones individuales) mostró que este paisaje no es casual. En él aparece una ondulación regular: una onda en la que los momentos magnéticos y los electrones de conducción ocupan lugares alternos, como casillas en un tablero de ajedrez.
A esta onda se la llama onda de hibridación de Kondo. La hibridación es cuando dos estados diferentes se mezclan en uno nuevo. En este caso, se mezclan electrones pesados (los que están en los átomos de uranio) con electrones de conducción ligeros. Antes se creía que esta mezcla ocurría de manera suave, sin un orden definido. Ahora se ve que a baja temperatura se organiza por sí sola en una estructura periódica.
Junto a esta ondulación existe también la superconductividad, un estado en el que la corriente fluye sin resistencia. En el compuesto de uranio, la superconductividad es inusual: los pares de electrones que la crean giran en la misma dirección, como patinadores en pareja. La nueva onda podría explicar cómo se forman exactamente esos pares. Esto es importante porque los superconductores sin resistencia podrían transmitir energía sin pérdidas, pero por ahora solo funcionan a temperaturas muy bajas.
El descubrimiento muestra que en sistemas con fuertes interacciones, el orden puede esconderse donde no se esperaba. La onda en la superficie del cristal de uranio es como un patrón que aparece en un vidrio congelado: siempre estuvo allí, pero solo ahora se ha podido ver.
El uranio en el UTe2 es el mismo elemento que se usa en el combustible nuclear, pero aquí se comporta como un actor magnético, no como una fuente de energía.