Los cilios son diminutos pelos en la superficie de las células. Baten como remos y mueven el líquido. En los pulmones, expulsan el polvo y los microbios hacia afuera. Pero su longitud varía: en los humanos miden milésimas de milímetro, mientras que en los ctenóforos alcanzan varios milímetros. ¿Cómo trabajan juntos cilios tan diferentes?
Los científicos construyeron una máquina que agita el líquido bruscamente, como si un cilio hubiera golpeado. Lo filmaron con una cámara de alta velocidad. Resultó que, tras un golpe brusco, el líquido sigue moviéndose por inercia durante un tiempo. Si los golpes se suceden en forma de onda, las partículas se deslizan sobre ella, como surfistas, de un cilio a otro. Es un transporte muy eficiente.
Este comportamiento es imposible en un líquido espeso como la miel, donde todo se detiene inmediatamente después del golpe. Pero en el agua, como en un río, la inercia ayuda al movimiento. Este descubrimiento permitirá crear cilios artificiales para purificar agua o administrar medicamentos.
Los cilios de los pulmones humanos realizan entre 10 y 15 golpes por segundo, expulsando el moco a una velocidad de aproximadamente 1 cm por minuto.
En la película 'Viaje alucinante', los científicos se encogen y navegan por el torrente sanguíneo: nuestro trabajo trata sobre cómo las estructuras microscópicas reales controlan los flujos.