El hielo se escapa bajo la cuchilla del patín, como una pastilla de jabón entre las manos mojadas. Durante cien años, los científicos discutieron de dónde viene esa resbalosidad. Unos decían: ya hay una fina capa de agua en la superficie, que actúa como lubricante. Otros objetaban: el agua aparece solo cuando empiezas a moverte, por la fricción. En el nuevo estudio, los físicos combinaron ambos enfoques y descubrieron quién tiene razón.
Primero construyeron un modelo computacional de la fricción del hielo contra el vidrio a nivel de átomos individuales. El modelo mostró que si solo se consideran los efectos nanoscópicos, la fricción resulta demasiado alta. Entonces los científicos añadieron al cálculo lo que ocurre en el deslizamiento real: el calentamiento por fricción. Resultó que incluso a una velocidad de solo 0,1 metros por segundo, la temperatura en el punto de contacto salta hasta casi cero grados, el punto de fusión del hielo. El hielo comienza a derretirse justo debajo del patín o de la cuchilla, y el agua actúa como lubricante.
Los cálculos coincidieron con los datos experimentales para velocidades muy variadas, desde un deslizamiento lento hasta una carrera rápida sobre patines. Entonces, el secreto principal del hielo no está en una película preexistente, sino en el calor que se genera con el movimiento. El hielo se lubrica a sí mismo cuando empiezas a moverte. Como si el camino se derritiera bajo tus pies justo lo suficiente para que puedas seguir deslizándote.
Bajo la presión del patín, el hielo no se derrite por la presión, sino por el calor de la fricción: la temperatura en el punto de contacto sube hasta cero grados incluso con movimiento lento.