Los astrónomos intentan captar el radioeco del Big Bang: un débil resplandor que llena todo el universo. Pero el receptor se ahoga en ruido: nuestra galaxia está llena de polvo interestelar brillante, cuya radiación puede confundirse fácilmente con la señal del pasado.
Antes se consideraba al polvo como una neblina uniforme. Nuevas investigaciones muestran que se estratifica en grumos con diferentes temperaturas y densidades. Ignorar esta heterogeneidad facilita confundir las ondulaciones del polvo con el eco del Big Bang.
Conclusiones principales: la galaxia es tridimensional, por lo que una sola capa de polvo no es suficiente. Los telescopios necesitan observaciones en muchas frecuencias, como un receptor de radio con varias bandas. Y no se pueden promediar los datos espacialmente: la señal se pierde. Paradójicamente, el propio polvo interferente es ceniza de estrellas muertas, esparcida por explosiones de supernovas.
Ese mismo polvo que causa interferencias de radio es, en realidad, ceniza de estrellas muertas: partículas de carbono y silicatos nacidas en los núcleos estelares y dispersadas por explosiones.