
Polvo cósmico y partículas que enmascaran la radiación primordial de los primeros momentos del universo.El fondo cósmico de microondas (CMB) es la luz más antigua del universo, emitida aproximadamente 380,000 años después del Big Bang. Sin embargo, esta radiación primordial no es directamente observable en todas las direcciones: el polvo cósmico y las partículas dentro de nuestra galaxia y a lo largo de la línea de visión pueden absorber, dispersar o polarizar los fotones del CMB, oscureciendo la señal pristina. Esta obstrucción es un desafío importante para los cosmólogos que buscan medir las fluctuaciones de temperatura y los patrones de polarización del CMB con extrema precisión.
El CMB fue descubierto en 1965 por Arno Penzias y Robert Wilson, y el problema de la contaminación de primer plano fue reconocido de inmediato. Los primeros mapas precisos del satélite COBE (1989–1993) tuvieron que tener en cuenta el polvo galáctico, y misiones posteriores como WMAP y Planck desarrollaron técnicas cada vez más sofisticadas para eliminar los primeros planos.
Los granos de polvo interestelar absorben fotones del CMB y los reemiten a longitudes de onda más largas, creando un primer plano que contamina la señal. Los electrones libres en gas ionizado pueden dispersar fotones del CMB mediante dispersión de Thomson, alterando su dirección y polarización. Además, el lente gravitacional causado por la materia intermedia distorsiona la trayectoria del CMB, cambiando sutilmente el patrón observado. Para recuperar la señal original, los astrónomos deben modelar y restar estos primeros planos utilizando observaciones en múltiples longitudes de onda, ya que el polvo emite de manera diferente en varias frecuencias que el propio CMB.
La resta de primeros planos es esencial para todos los experimentos del CMB, incluidos Planck, el Telescopio del Polo Sur y futuras misiones como CMB-S4, que buscan detectar la débil firma de polarización en modo B de las ondas gravitacionales primordiales.
El polvo de nuestra propia galaxia, la Vía Láctea, emite un brillo tenue en frecuencias de microondas que es cientos de veces más brillante que la señal del CMB en algunas regiones, haciendo que el plano galáctico sea casi 'ciego' para los cosmólogos que estudian el universo temprano.















