Un rayo láser común que transporta claves cuánticas tiembla ante el más mínimo movimiento, como una linterna en la mano de alguien que corre. El dron vibra, el vehículo se sacude y el código se desmorona. Los autores del estudio idearon la manera de alinear sobre la marcha la polarización de la luz (la dirección de sus oscilaciones) en ambos extremos del enlace.
Al final, el dron y el vehículo terrestre intercambiaron claves secretas a una distancia de 100 metros, moviéndose a una velocidad de 1 metro por segundo. La tasa de transmisión fue de 70,94 kilobits por segundo. Y a una distancia de 1,2 kilómetros entre el dron y la estación, se obtuvieron 2,76 kilobits por segundo: por primera vez, un enlace cuántico desde un dron se extendió más allá de un kilómetro.
El dron se convirtió en una antena voladora que ajusta el haz por sí misma, como un ciclista que mantiene el manillar firme en los baches. Esto abre el camino a redes cuánticas en ciudades donde el terreno es irregular y los edificios bloquean la línea de visión. El internet cuántico aéreo dejó de ser ciencia ficción.
El dron y el vehículo intercambiaron claves en movimiento a 1 m/s, un paso peatonal rápido en el que un puntero láser común ya habría desdibujado el punto.
En la serie «The Expanse», las naves se comunican a través de repetidores, pero no utilizan comunicación cuántica; aquí, en cambio, el dron se convirtió en un nodo volador de la red, como en los relatos sobre el internet cuántico del futuro.