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En cinco años, los astrofísicos examinaron 92 regiones sospechosas del cielo. Buscaban muones ascendentes, que solo podría generar un neutrino tras perforar la Tierra. No aparecieron señales brillantes, pero sí calcularon cuántos neutrinos, como máximo, deja de emitir cada objeto. Solo el cúmulo estelar Westerlund 1 insinuó una débil pista. Este resultado negativo afina las futuras búsquedas: al saber dónde no hay fantasmas, será más fácil hallar a los que se esconden.