Para controlar los microplásticos se necesitan espectrómetros portátiles, pero los instrumentos infrarrojos comunes son incómodos para el campo. La solución fue un interferómetro no lineal (NLI), un dispositivo compacto donde un rayo láser en un cristal convierte el espectro infrarrojo medio en cercano, accesible para los sensores de silicio. El módulo creado funciona a temperatura ambiente, genera un espectro en 10 ms con una resolución de 6 cm⁻¹ e identifica con precisión polipropileno, polietileno y poliestireno. Es como tomar una foto de un objeto invisible con una iluminación ingeniosa. Se abre el camino hacia sistemas móviles de monitoreo en tiempo real.
Se encuentran microplásticos incluso en glaciares de montaña y en alimentos. La espectroscopía convencional —análisis por luz— requería costosos detectores para la radiación infrarroja invisible. El nuevo método lo evita: el dispositivo crea un par de gemelos de luz. Un gemelo (infrarrojo) hace que las moléculas de plástico —cadenas de carbono e hidrógeno— vibren como cuerdas de guitarra. El otro (visible) lee esas vibraciones y transmite la imagen a una cámara común, de las que hay en cada smartphone. Por el cambio en el brillo de la señal, el detector distingue al instante el plástico de un envoltorio o una botella. El dispositivo, del tamaño de un puño, realiza 100 mediciones por segundo sin necesidad de enfriamiento con nitrógeno ni láseres voluminosos. Pronto, analizadores de bolsillo comprobarán el agua de un arroyo directamente en el lugar.
🎯 En cada litro de agua embotellada hay un promedio de unas 240 mil partículas de microplásticos, el doble que en el agua del grifo.
🎬 Un verdadero tricorder de Star Trek: calcula en un segundo de qué está hecho un objeto.