Los microplásticos están por todas partes. Un nuevo dispositivo compacto los reconoce por sus vibraciones moleculares, pero utiliza un láser accesible, leyendo señales ocultas como un código secreto en la luz común. En un instante determina el tipo de plástico. Quizás pronto podamos comprobar la pureza del agua con solo apretar un botón.
Se encuentran microplásticos incluso en glaciares de montaña y en alimentos. La espectroscopía convencional —análisis por luz— requería costosos detectores para la radiación infrarroja invisible. El nuevo método lo evita: el dispositivo crea un par de gemelos de luz. Un gemelo (infrarrojo) hace que las moléculas de plástico —cadenas de carbono e hidrógeno— vibren como cuerdas de guitarra. El otro (visible) lee esas vibraciones y transmite la imagen a una cámara común, de las que hay en cada smartphone. Por el cambio en el brillo de la señal, el detector distingue al instante el plástico de un envoltorio o una botella. El dispositivo, del tamaño de un puño, realiza 100 mediciones por segundo sin necesidad de enfriamiento con nitrógeno ni láseres voluminosos. Pronto, analizadores de bolsillo comprobarán el agua de un arroyo directamente en el lugar.
🎯 En cada litro de agua embotellada hay un promedio de unas 240 mil partículas de microplásticos, el doble que en el agua del grifo.
🎬 Un verdadero tricorder de Star Trek: calcula en un segundo de qué está hecho un objeto.