Los centros nitrógeno-vacante en el diamante son defectos puntuales que actúan como cúbits en computadoras y sensores cuánticos. Para aprovechar todo su potencial, necesitamos poder localizar centros individuales con precisión. Para lograrlo, los científicos usaron un método de imagen magnética de Fourier: un dispositivo compacto con compensación de deriva térmica genera un gradiente de campo magnético pulsado de hasta 13,5 Gs/μm. Esto permitió determinar la posición de un centro NV individual con una resolución récord de 0,28 ± 0,10 nm, como si observáramos mentalmente detalles a escala nanométrica. La precisión en la medición del campo es de solo 9 nT. Es fascinante que este método pueda ayudar a estudiar espines dentro de proteínas y células.
En la red cristalina del diamante, de vez en cuando aparecen defectos: un átomo de nitrógeno ocupa un lugar equivocado, y junto a él se abre un vacío. Tal imperfección se convierte en una brújula de diamante ultrasensible: su aguja magnética tiembla al más mínimo campo externo. Paradójicamente, este defecto, que reduce el valor de la gema, se ha convertido para los físicos en una herramienta codiciada.
Para poder distinguir esta brújula del tamaño de un átomo, los científicos montaron una diminuta plataforma insensible a las fluctuaciones de temperatura. "Llamaron" al defecto con una serie de impulsos magnéticos y captaron el eco: una débil respuesta. El escaneo magnético descifró la señal y señaló el punto con una precisión asombrosa de 0.28 nanómetros, menor que la distancia entre átomos en el cristal.
En la base está la naturaleza cuántica del defecto: su momento magnético puede funcionar como un cúbit, la unidad de información de una computadora cuántica. Ahora surge la posibilidad de sondear estas "brújulas" dentro de proteínas y células vivas, lo que acerca la era de la medicina molecular.
🎯 Estos defectos son tan sensibles que detectan el campo magnético de un solo protón: es como escuchar un susurro en la otra orilla del océano.