El frigorífico magnético del futuro no zumbará con un compresor. En su lugar, enfriará los alimentos gracias a que un material especial se calienta en un campo magnético y se enfría cuando el campo se retira. Este ciclo se asemeja a la compresión y expansión de un gas en un frigorífico convencional, pero en lugar de un pistón, actúa un imán.
Para saber si un material es adecuado para este tipo de frigorífico, hay que medir tres cosas: cuánto calor libera, cuánto se enfría y cómo varía su capacidad calorífica. Hasta ahora, cada medición requería un instrumento distinto, y a veces un montaje casero. Los autores del nuevo trabajo han demostrado que todo esto puede hacerse con un solo instrumento comercial, el VersaLab, presente en muchos laboratorios.
Los científicos probaron el método con el material Gd5Si2Ge2, que cambia su estructura a una temperatura determinada. Al variar el campo magnético de 0 a 1 tesla (aproximadamente el de un imán de resonancia magnética), obtuvieron un enfriamiento de 4,47 grados. Esto difiere solo en un uno por ciento de la medición directa de temperatura del mismo material.
Ahora cualquier investigador puede probar rápida y precisamente nuevos materiales magnéticos para refrigeración sin necesidad de montajes complejos. Esto acelerará la creación de frigoríficos silenciosos y eficientes que no utilicen gases nocivos.
La refrigeración magnética ya se utiliza en laboratorios para alcanzar temperaturas inferiores a 1 kelvin, más frías que el espacio exterior.
En la novela 'El marciano' de Andy Weir, el protagonista usa un calentador radioisotópico, pero la refrigeración magnética podría ayudar en los sistemas de soporte vital en Marte, donde la fiabilidad sin piezas móviles es crucial.