El corazón no es una esfera perfecta; su forma cambia latido a latido. Para construir una copia tridimensional precisa destinada a un modelo computacional, normalmente se realizan decenas de cortes con un resonador magnético. Pero es como montar una sandía a partir de finas rodajas: cuantos menos cortes, más suposiciones.
El nuevo enfoque enseña a la red neuronal a comprender la forma del corazón a partir de contornos dispersos. Es similar a cómo un escultor reconstruye una estatua a partir de varios bocetos desde distintos ángulos. En lugar de reglas rígidas de interpolación (trazar líneas entre puntos), la red memoriza cómo son los corazones sanos y enfermos, y "dibuja" lo que falta. En pruebas con modelos computacionales e imágenes reales, el método reprodujo la forma con mayor precisión, especialmente en el vértice del corazón, un lugar donde los algoritmos convencionales suelen fallar.
Esta reconstrucción es el primer paso hacia un gemelo digital del corazón: una copia virtual en la que se pueden probar medicamentos o una operación antes de la intervención real. Los científicos ya utilizan enfoques similares para la resonancia magnética de animales pequeños, donde cada imagen es muy valiosa.
El vértice del ventrículo izquierdo es uno de los lugares más difíciles para la reconstrucción 3D: es puntiagudo y se mueve mucho con cada contracción.