Los vasos linfáticos son calles de una sola dirección. Por ellos, el líquido fluye solo hacia adelante gracias a diminutas compuertas en forma de pétalos. Estas válvulas se abren únicamente en un sentido, generando una asimetría, una direccionalidad, sin la cual el flujo se detendría.
En el laboratorio, los científicos modelaron un vaso y enviaron ondas de compresión a lo largo de él, como una cola de ligeros empujones. Las ondas podían ir en el sentido del flujo o en contra, pero el líquido siempre avanzaba. El hallazgo: las ondas que viajan en sentido opuesto bombean con mayor eficacia. Es como si empujaras un coche desde atrás, pero adelantándolo por el carril contrario.
Este principio es clave para crear bombas sin partes móviles. Se basa en las ideas de Daniel Bernoulli sobre el flujo de fluidos y en el análisis de ondas desarrollado por Joseph Fourier, aplicable desde la espectroscopia hasta métodos para reducir la entropía.
En el cuerpo de un adulto, los vasos linfáticos devuelven a la sangre unos 3 litros de líquido al día, casi dos botellas grandes de agua.