Una película fina de jabón en la mano se adapta a la forma de la palma, pero si aprietas los dedos, la tensión cambia de manera desigual. Algo similar ocurre con una monocapa de disulfuro de molibdeno sobre un sustrato de grafito. Los científicos enfriaron la muestra desde temperatura ambiente hasta la temperatura del helio líquido y siguieron a los electrones mediante espectroscopía, un método que muestra cómo se mueven las partículas dentro del material.
A temperatura ambiente, la influencia del sustrato sobre los electrones se describe con un modelo simple: la carga se "extiende" uniformemente por toda la superficie. Pero al enfriar fuertemente, el panorama se complica: entran en juego efectos más sutiles y el desplazamiento de los niveles de energía comienza a depender de la dirección del movimiento del electrón. Esto se parece a cómo la curvatura del espacio-tiempo afecta de manera distinta a los rayos de luz que viajan en direcciones diferentes.
Este descubrimiento es importante para la electrónica del futuro: los transistores hechos de materiales bidimensionales funcionarán a distintas temperaturas y hay que poder predecir sus características. Ahora queda claro que los modelos simples no siempre sirven: a veces hay que tener en cuenta los "caprichos" del mundo cuántico.
Una monocapa de disulfuro de molibdeno es una lámina de solo tres átomos de grosor, pero es más resistente que el acero y podría ser la base de la electrónica flexible.