En el quirófano, el cirujano ilumina el tumor con un fármaco especial que lo hace brillar. Pero, ¿cómo saber si brilla intensamente por la gran cantidad de células cancerosas o simplemente porque está cerca de la superficie? Una cámara normal no distingue esto, y el médico puede equivocarse, dejando parte del tumor o extirpando tejido sano de más.
La cámara de campo de luz resuelve este problema porque no capta una imagen plana, sino rayos de luz desde diferentes ángulos. Es como si, en lugar de una sola fotografía, obtuvieras varias tomadas desde puntos ligeramente distintos. Luego, un programa las combina en una imagen volumétrica y determina a qué profundidad se encuentra cada zona brillante. Y conociendo la profundidad, se puede calcular la intensidad real del brillo, corregida por la atenuación en los tejidos.
Los investigadores tomaron una cámara comercial Lytro Illum, diseñada originalmente para fotografías normales con efecto de profundidad, y la adaptaron para cirugía. Imprimieron en 3D una escala de profundidad especial para calibrar la cámara y la probaron en fantomas — simulaciones de cerebro con inclusiones de puntos cuánticos brillantes. Estos puntos se comportan como la sustancia PpIX, que se usa para iluminar tumores en operaciones reales.
Esta herramienta podría convertirse en parte habitual del quirófano: una sola toma, y el cirujano no ve solo una mancha brillante, sino un mapa del tumor con profundidad e intensidad exacta. Esto ayuda a decidir dónde cortar y dónde dejar, y aumenta las probabilidades de extirpar el tumor por completo sin dañar el cerebro sano.
Los puntos cuánticos utilizados en el experimento son tan pequeños que su tamaño es menor que el virus de la gripe, pero brillan de manera intensa y estable, imitando el brillo de las células tumorales.
La idea de ver a través de los tejidos y determinar con precisión los límites de una enfermedad recuerda al tricorder médico de 'Star Trek', pero en la realidad es una cámara de campo de luz y puntos cuánticos.