Un láser común es un amplificador de luz en el que los átomos, tras recibir energía, emiten de forma coordinada ondas de una misma frecuencia. El máser hace lo mismo, pero con microondas, esa radiación invisible que calienta la comida en el microondas y transmite señales en los teléfonos. En el nuevo trabajo, los físicos construyeron un máser no a partir de gas o cristal, sino de un circuito eléctrico superconductor, donde en lugar de un átomo real actúa un elemento artificial con varios niveles de energía.
Este dispositivo se denomina micromáser porque es diminuto y trabaja con porciones individuales de radiación de microondas. Los autores ajustaron el circuito para que el átomo artificial primero se bombee con energía de un tono de microondas externo y luego la transfiera a la onda, amplificándola. Es como un columpio: si lo empujas acompasadamente, se balancea cada vez más alto.
El principal valor del experimento radica en la flexibilidad de la plataforma. Los circuitos superconductores permiten definir con precisión cuántos niveles de energía tiene el átomo artificial, cómo se acopla al campo y con qué rapidez pierde energía. Por lo tanto, se pueden reproducir diferentes regímenes de la física de los máseres y estudiarlos en condiciones controladas. Quizás esto ayude a comprender mejor cómo se comportan los amplificadores cuánticos y cómo construir detectores de microondas más sensibles.
tal como lo escribieron los autores, en inglés arXiv:2604.05105
We demonstrate a circuit QED analog of an atomic micromaser that utilizes an artificial, multi level atom, pumped into a population-inverted state by a microwave tone, as the gain medium. Our demonstration is enabled by the flexibility of the circuit QED platform, which allowed us to precisely engineer the level-structure, coupling, and dissipation of the micromaser components. Our device shows rich physics and perhaps points to ways to use the recent developments in the domain of microwave quantum circuits to probe the domain of maser physics.
El primer máser utilizaba un haz de moléculas de amoníaco y era tan preciso que se le llamaba «reloj atómico»: ayudó a verificar la teoría de la relatividad de Einstein.