Cuando dos agujeros negros giran uno alrededor del otro y se fusionan, envían ondas por el universo: las ondas gravitacionales. Estas ondas llevan la huella de cómo se movieron exactamente los objetos antes de la colisión. Por la forma de esa 'danza' se puede saber hasta qué punto los objetos se parecen a agujeros negros perfectos.
Cada agujero negro, como una peonza, tiene masa y velocidad de rotación. Pero también posee propiedades más sutiles: cómo se distribuye su materia y cómo está 'aplanado' por la rotación. Estas propiedades se denominan momentos. Si el objeto es un auténtico agujero negro, todos sus momentos quedan determinados de manera unívoca por la masa y la rotación. Si, en cambio, es otra cosa, los momentos pueden diferir.
En el nuevo trabajo, los científicos tomaron datos del reciente evento GW241011. Compararon cómo se comportaron los dos objetos en fusión con lo que predice la teoría para agujeros negros. Prestaron especial atención a dos momentos: el cuadrupolar y el octupolar. El primero está relacionado con el achatamiento; el segundo, con una asimetría más sutil.
No encontraron desviaciones. Esto significa que los objetos se comportaron como auténticos agujeros negros. Además, por primera vez lograron acotar el momento octupolar: antes nadie lo había medido. Ahora tenemos una herramienta más para comprobar si realmente vemos agujeros negros o algo exótico.
Las ondas gravitacionales de la fusión de agujeros negros son tan débiles que los detectores LIGO y Virgo captan vibraciones miles de veces más pequeñas que el tamaño de un protón.
En la película 'Interstellar', el agujero negro Gargantúa se muestra con gran precisión científica: su aspecto se calculó con ecuaciones similares a las que se comprobaron en este trabajo.