Los científicos aplicaron el método de construcción de árboles genealógicos, tomado de la biología, a las estrellas en un modelo computarizado de una galaxia. A partir de la composición química de las estrellas, reconstruyeron su historia de formación y vieron que el centro y las afueras se desarrollaron de manera diferente, como dos familias con destinos distintos. ¿Qué otras crónicas ocultas guardan las estrellas?
Una estrella hereda la composición química de la nube de gas, como un niño los genes de sus padres. Los astrónomos han convertido esto en un método: según la proporción de carbono y otros elementos, medida con espectroscopía (la descomposición de la luz en colores), construyen árboles genealógicos de las estrellas de la galaxia. Es como una genealogía, pero en lugar de ADN, usamos química.
En el centro de la Vía Láctea, el gas fluía en corrientes turbulentas, las estrellas nacían con rapidez, enriqueciéndose con explosiones de supernovas. Su árbol es un arbusto enredado con ramas cortas y gruesas. En las afueras, bajo la influencia de los brazos espirales, el proceso fue más pausado: el árbol creció con ramas finas, largas y simétricas.
Esta genealogía química es una máquina del tiempo para las galaxias. A través de estos "fósiles", leemos la historia de brotes estelares y vientos estelares, reconstruyendo el crecimiento de nuestra propia Galaxia.
🎯 Algunas de las estrellas más antiguas de la Vía Láctea casi no contienen elementos pesados, como si se hubieran quedado congeladas en la época del universo temprano.