En las afueras de la Vía Láctea hay estrellas que se mueven contra la corriente general, como coches circulando en sentido contrario. Antes se pensaba que todas eran restos de una única galaxia enana que nuestra galaxia desgarró y absorbió. Pero una nueva investigación muestra que hubo varias de estas galaxias 'en sentido contrario'.
Los científicos seleccionaron estrellas con baja inclinación orbital y elongación moderada, utilizando datos de movimiento del telescopio Gaia y la composición química de los espectros. Luego construyeron un mapa donde cada estrella está marcada por su distancia al centro de la galaxia y su contenido de hierro. En este mapa aparecieron grupos separados, como capas en un pastel, cada una con su propia receta.
Resultó que los grupos con la misma 'receta' no siempre pertenecen a la misma galaxia progenitora. Por ejemplo, las estrellas con un contenido de hierro de alrededor de -1.7 podrían haber venido de dos sistemas diferentes, absorbidos en momentos distintos. La contribución principal proviene de una gran galaxia cuyos escombros se extienden en una cadena continua de energía y química, como un hilo de cuentas que se va deshilachando poco a poco. Pero junto a ella hay 'hilos' independientes de otras galaxias más pequeñas.
Esta conclusión solo fue posible gracias al análisis conjunto de la química y la dinámica. Por separado, ni la composición ni las órbitas ofrecen una imagen completa. Es como intentar reconstruir la historia de una ciudad a partir de una lista de apellidos sin direcciones: solo al combinar ambas listas se ve quién vino de dónde.
El carril en sentido contrario en las afueras de nuestra galaxia resultó no ser un solo camino, sino un entrelazamiento de varios. Y cada uno de ellos conduce a su propia galaxia destruida.
El telescopio Gaia mide las posiciones y velocidades de más de mil millones de estrellas con una precisión suficiente para notar un desplazamiento del grosor de un cabello humano desde una distancia de 1000 kilómetros.