Los relojes no son solo agujas. Todo núcleo atómico es un metrónomo natural: oscila con una regularidad casi perfecta. Si se eleva un metrónomo de estos un par de metros, su ritmo se acelera ligeramente: esto es la curvatura del tiempo, predicha por Einstein. Antes, estos cambios se medían en las capas electrónicas, mientras que los metrónomos nucleares permanecían intactos desde los años sesenta.
El nuevo método se basa en la espectroscopía: se iluminan núcleos de hierro-57 con luz de rayos X superbrillante proveniente de un acelerador y se observa la divergencia de sus ritmos. El desfase se acumula en un desplazamiento lento: primero los tictacs coinciden, y luego un metrónomo adelanta al otro. En unas pocas horas, esto permite detectar la distorsión gravitacional del tiempo a una altura de tres o cuatro metros, y en días, alcanzar la precisión para verificar teorías modernas de la gravedad. Así, los núcleos se convierten en un laboratorio para estudiar cómo la materia siente el espacio-tiempo curvado.
🎯 Los núcleos de hierro-57 pueden funcionar a temperatura ambiente, sin necesidad de voluminosos criostatos: es el único isótopo que permite realizar mediciones tan ultraprecisas «sobre la mesa».
🎬 En «Interstellar», los héroes se enfrentan a una diferencia abismal en el paso del tiempo cerca de un agujero negro; el nuevo método captura el mismo efecto, pero miles de millones de veces más débil, sobre la mesa del laboratorio.