Una red triangular, en cuyos nodos se asientan diminutas agujas magnéticas. Por esta red corren electrones, portadores de corriente. Normalmente, las agujas se alinean de manera simple: todas en una dirección (ferromagnético) o alternándose en el plano. Pero en un nuevo trabajo, los científicos demostraron que en una red triangular todo puede ser mucho más interesante.
Consideraron la situación en la que los electrones se agrupan en 'bolsas' especiales en diferentes puntos del paisaje energético: una en el centro de la zona de Brillouin (punto Γ) y tres en los bordes (puntos M). Esta disposición recuerda a cuatro charcos conectados por canales. Debido a la forma particular de estas bolsas (el llamado nesting, cuando los contornos de las bolsas son casi paralelos), las agujas magnéticas comienzan a sentirse entre sí a través de los electrones y se alinean formando figuras tridimensionales.
Lo más sorprendente es que con esta torsión, las ondas electrónicas pueden dejar por completo de atravesar el material: se vuelve aislante en su interior. Pero en los bordes de la muestra surge una corriente especial: los electrones se mueven en una sola dirección, sin dispersarse en los defectos. Esto es el efecto Hall anómalo cuántico, y proporciona una resistencia estrictamente definida: exactamente 6,5 kiloohmios dividido por 4. Estos materiales son candidatos para la electrónica ultrarrápida y energéticamente eficiente, donde la información se transmite sin calentamiento.
El efecto Hall anómalo cuántico se asemeja a una carretera perfecta sin atascos: los electrones se mueven por el borde del material sin perder energía en colisiones, como coches en un carril reservado.
En la novela 'La rosa y el gusano' de Robert Ibatullin se describe un material que conduce corriente sin resistencia a temperatura ambiente; aislantes topológicos similares podrían ser un paso hacia esa tecnología.