Una estrella joven está rodeada por un disco plano y giratorio de gas y polvo, como masa de pizza que se hace girar. Dentro de ese disco nacen los planetas. Pero en tres estrellas —Elias 2-24, IM Lup y DM Tau— los astrónomos notaron algo extraño: mucho más allá del borde del disco brillante se extiende un halo de polvo apenas perceptible pero enorme. Es como harina esparcida alrededor de una tabla de cortar.
Según los cálculos, los granos de polvo en el disco deberían crecer y derivar hacia la estrella en un tiempo más corto que la edad del propio sistema. Entonces las regiones externas se habrían vaciado hace mucho. Pero los halos existen y concentran entre el 20 y el 30 por ciento de toda la emisión submilimétrica del disco. En el halo de Elias 2-24 incluso se encontraron granos de hasta dos centímetros, como grava fina. Estas partículas grandes no pueden simplemente flotar lejos de la estrella: deberían caer rápidamente hacia el interior.
¿De dónde proviene entonces el halo de polvo? Una idea es que el disco sigue recibiendo material que cae de la nube circundante, como harina que se añade por los bordes. Esto explica los halos de IM Lup y DM Tau. Pero en Elias 2-24 el halo contiene granos de un centímetro: no pueden haber sido traídos por una caída tardía, sino que crecieron en el lugar. Por lo tanto, en el disco podrían esconderse trampas de polvo invisibles: regiones donde la presión del gas frena la deriva de las partículas y les permite acumularse.
Estos halos no son solo un detalle cosmético. Almacenan una parte notable de todo el polvo del sistema y, por tanto, influyen en cuánto material les tocará a los futuros planetas. Sin tener en cuenta los halos, es difícil entender cómo se forman mundos como el nuestro a partir de un disco.
La masa total de polvo en el halo de Elias 2-24 es de unas 33 masas terrestres, y en DM Tau llega a 316 masas terrestres. Son planetas enteros desmenuzados en polvo en las afueras del sistema.
En la novela Solaris de Stanisław Lem, el océano del planeta se comporta como un ser vivo; los halos de polvo alrededor de las estrellas también parecen imposibles según las viejas teorías, pero existen y obligan a revisar los modelos.