Dos hojas de papel apiladas, al calentarse, comienzan a deslizarse imperceptiblemente una sobre otra. Algo así ocurre con las capas de disulfuro de molibdeno, un material de un átomo de espesor. A temperatura ambiente, se deslizan espontáneamente a una velocidad de aproximadamente un metro por segundo.
Antes se pensaba que para desplazar las capas había que superar una barrera, como arrastrar una caja pesada sobre un umbral. Pero los cálculos a nivel atómico muestran que la barrera es casi inexistente. El movimiento no es un desplazamiento de toda la lámina, sino una onda de reorganización en los límites entre regiones con distinta orientación. Es como cuando un pliegue de una alfombra se desplaza sin mover la alfombra en sí.
Este comportamiento abre el camino a dispositivos de memoria donde la información se escribe desplazando las capas con un gasto energético casi nulo.
La velocidad de deslizamiento espontáneo de las capas a temperatura ambiente es de aproximadamente 1 m/s, similar al paso tranquilo de una persona.