Un haz de rayos X puede atravesar un trozo de metal opaco y mostrar dónde se esconden grietas o tensiones. Pero para distinguir esos defectos, hay que concentrar el haz en un punto muy pequeño, igual que una lupa concentra la luz del sol en un punto caliente. En el microscopio de rayos X, la lente hace el papel de la lupa. Solo que el vidrio no sirve para los rayos X: lo atraviesan casi sin desviarse. Por eso los científicos fabrican lentes con muchas capas alternas de dos materiales: molibdeno y silicio. Cada capa desvía el haz un ángulo diminuto, y todas juntas lo concentran en un punto.
Los autores del nuevo trabajo instalaron en el microscopio de rayos X del sincrotrón ESRF (en Grenoble, Francia) no una lente de capas, sino dos, giradas una respecto a la otra en forma de cruz. Cada lente enfoca el haz en una dirección, y juntas lo concentran en una mancha pequeña. La mancha resultó de 56 nanómetros: tres veces más pequeña que la que producía la lente anterior de plástico. Para comparar: el virus de la gripe mide unos 100 nanómetros de diámetro, así que el nuevo microscopio distingue detalles dos veces más pequeños que un virus.
La nueva lente deja pasar el 26,7% de la luz de rayos X, suficiente para que la imagen sea brillante y con contraste. Los científicos probaron el microscopio en un pilar de silicio que conecta las capas de un microchip (esos pilares se llaman TSV). Lograron ver cómo están ordenados los átomos de silicio dentro del pilar y notar los lugares donde la red cristalina está ligeramente girada. Son precisamente esos giros los que suelen anunciar la aparición de grietas que pueden hacer fallar el microchip.
La nueva lente está hecha de capas alternas de molibdeno y silicio de solo unos pocos nanómetros de espesor: es como una pila de miles de hojas de papel, pero cada hoja es mil veces más delgada que un cabello humano.