Simulaciones numéricas del colapso de un campo escalar sin masa en un universo de Friedmann-Lemaître-Robertson-Walker revelan que la autosemejanza discreta persiste en la formación de agujeros negros primordiales, incluso con desviaciones de parámetros tan pequeñas como |p-p_c| ~ 10^{-8}. El régimen crítico exhibe oscilaciones log-periódicas en la relación de escala de masa, con una asimetría pico-valle más pronunciada que en el caso asintóticamente plano. Para dos familias de datos iniciales (perfiles de curvatura gaussianos y racionales por tramos), los exponentes críticos y los períodos de autosemejanza discreta coinciden en general dentro de las incertidumbres. La presencia de autosemejanza discreta implica modulaciones log-periódicas en el espectro de masas de los agujeros negros primordiales, lo que podría afectar las estimaciones de abundancia y el espectro de ondas gravitacionales inducidas.
Las gotas de un grifo mal cerrado marcan un ritmo claro. Un ritmo similar, pero a escala cósmica, han descubierto los astrofísicos: la formación de agujeros negros primordiales —objetos diminutos nacidos en los primeros instantes tras el Big Bang— tampoco es caótica, sino estrictamente acompasada. La masa de un agujero así no crece suavemente, sino a saltos, como repitiendo el mismo patrón una y otra vez, pero cada vez a una escala menor.
Antes, esta «ritmicidad» solo se conocía para un universo idealizado, sin expansión. Nuevas simulaciones en un universo en expansión —justo como era nuestro universo al principio— han confirmado que el ritmo escalonado se mantiene. Esto es crucial, porque los agujeros negros primordiales se consideran uno de los principales candidatos para ser la materia oscura, el andamiaje invisible que mantiene unidas las galaxias.
Gracias a esta ritmicidad, los futuros detectores de ondas gravitacionales —ondulaciones del espacio-tiempo— podrán captar no un ruido aleatorio, sino una «melodía» ordenada, interpretada por agujeros que se fusionan. Y aquí viene un giro inesperado: estos agujeros podrían ser tan pequeños que, al atravesar la Tierra, no tocarían ni un solo átomo, aunque cada uno pese como una montaña.
🎯 Los agujeros negros primordiales, si existen, podrían ser del tamaño de un átomo, pero pesar como una montaña.