La corteza exterior de una estrella de neutrones se parece a un pastel de capas, donde cada capa es un tipo de relleno estrictamente definido. Es una red cristalina de núcleos atómicos sumergida en un mar de electrones. Cuanto más profundo, mayor es la presión, y más pesados son los núcleos que pueden existir allí sin desmoronarse.
Los autores del trabajo tomaron cuatro conjuntos de datos modernos sobre masas de núcleos atómicos: dos de la teoría relativista y dos de aprendizaje profundo en imagenología médica, y para cada uno construyeron su propia versión de la corteza. Para cada capa buscaron el núcleo más 'ventajoso': aquel que da la menor energía por partícula nuclear (barión). Este procedimiento recuerda a elegir el alimento más calórico y a la vez estable para un viaje espacial.
La diferencia entre las 'recetas' se manifestó en los detalles: en un catálogo, a cierta profundidad aparecía zinc; en otro, níquel. Pero cuando se trató de la estrella entera, estas discrepancias se suavizaron. La masa mínima de la estrella de neutrones, su radio y su momento de inercia resultaron casi iguales para las cuatro variantes.
Así que para las estrellas de neutrones más ligeras, las que están en el límite inferior de lo posible, la corteza exterior funciona como un cimiento fiable: los detalles del acabado interior no cambian la solidez general del edificio.
La densidad de la materia en la corteza de neutrones es tal que una cucharadita de ese material pesaría como el monte Everest.
En la novela 'El huevo del dragón' de Robert Forward se describe la vida en la superficie de una estrella de neutrones, donde las reacciones nucleares ocurren al ritmo de los procesos biológicos.