Una cuchara caliente en una taza de té: el calor corre por el metal desde el extremo caliente hasta el frío. En los libros de texto, este proceso se describe como el temblor de los átomos que se transmiten empujones entre sí. Pero los átomos no solo tiemblan: también giran, como pequeñas peonzas. Hasta ahora, los físicos no tenían un lenguaje común para describir ambos movimientos a la vez.
Los autores del trabajo construyeron ese lenguaje. Introdujeron para cada átomo no solo el desplazamiento habitual (cuánto se inclina hacia un lado), sino también la rotación, como si hubieran pegado al átomo una flecha invisible que indica hacia dónde mira. Cuando los átomos vibran, esas flechas también giran. Juntas crean una onda en la que el calor no solo avanza, sino que también se arremolina, como el agua en un remolino.
La conclusión más inesperada tiene que ver con la simetría. Si el cristal se parece a una escalera de caracol, retorcido de forma natural, entonces las ondas que giran en el sentido de las agujas del reloj y en sentido contrario tendrán intensidades diferentes. Una correrá más rápido, la otra más lento. Es similar a cómo la mano derecha y la izquierda perciben de manera distinta el giro de una manija de puerta.
En el caso límite, cuando los átomos están rígidamente unidos, su rotación se reduce a un simple remolino de la red. Entonces la teoría se simplifica y se convierte en las conocidas ecuaciones de la elasticidad micropolar. Pero lo principal es que, en el caso general, predice cuánto momento de rotación transporta una onda térmica, y eso se puede medir.
En un cristal de cuarzo, los átomos están dispuestos en espiral, por lo que el calor se propaga con un giro, como un sacacorchos que entra en un corcho.
En la novela "Luz falsa" de Peter Watts, los seres extraterrestres utilizan vibraciones rotacionales para comunicarse, casi como los fonones con momento angular en la nueva teoría.