Los científicos utilizaron la estadística no extensiva de Tsallis (un enfoque para sistemas con interacciones de largo alcance) para describir la termodinámica de los agujeros negros. La entropía obtenida generaliza la fórmula estándar y conduce a una rica estructura de fases: los agujeros negros pueden ser pequeños, medianos y grandes, con transiciones de fase que recuerdan a la transición líquido-gas con un punto crítico. Curiosamente, estas fases se pueden distinguir por la luz que gira alrededor del agujero negro: los parámetros de las órbitas fotónicas (período y grado de caos) cambian cualitativamente junto con la fase. Esto vincula la termodinámica de los agujeros negros con las observaciones, lo que resulta prometedor para los futuros telescopios.
Los agujeros negros no son devoradores sin rostro. A veces se comportan como el agua: pueden 'congelarse' o 'hervir', cambiando su estado interno. Los científicos lo describieron imaginando la luz cerca del agujero negro como un gas. Así nació una fórmula generalizada de la entropía (medida del desorden), que desarrolla las ideas de Bekenstein y Hawking. Un giro inesperado: este desorden es proporcional al área del agujero, no al volumen, todo lo contrario de lo que vemos en una taza de café o una nube de vapor.
La clave está en el anillo de luz, que se forma debido a la curvatura del espacio-tiempo. Sus propiedades —velocidad de rotación, divergencia de los rayos— reflejan fielmente la temperatura y la presión del agujero negro. Al observar el anillo, se puede ver literalmente cómo el agujero experimenta sus transformaciones.
🎯 La entropía de un agujero negro —medida de su desorden— aumenta con el área superficial, no con el volumen. Es como si una habitación pareciera más desordenada por el área de las paredes que por lo que hay dentro.
🎬 El famoso anillo brillante de 'Interstellar' es precisamente ese anillo de luz que delata los secretos del agujero negro.